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Una voz que lanzaba hacia ellos su descarga ante lo que creía injusto, porque era su derecho incumplido. Palabras repetitivas ante situaciones que parecen no ser entendidas, (por los que tendrían que entenderlo, pero prefieren no hacerlo)
Con esa voz de fondo, que hacía su gran esfuerzo por ser comprendida, ella sentada de espaldas, se sintió atraída por el afuera. Quizá por cansancio, por distracción, o solo buscando una explicación en un más allá.
Tres de las cuatro paredes que formaban el salón tenían grandes ventanales, a través de los cuales, empezó a seguirlos. Como puntos negros que se movían sobre aquella base azul, se acercaban, se alejaban, desaparecían. Pájaros, si...genuinos dueños de esos pagos, que con sus vuelos abrazaban todo el edificio, y se perdían entre las verdes paredes de la vieja iglesia...tal vez confundiéndolas con los verdores naturales.
Parecían buscar algo, lo que la llevaba a seguir mirándolos, creyendo que podrían estar buscando lo mismo.
Las luces de las calles empezaban a encenderse, ellos calmaban su revoleteo, que al otro día volverían a desplegar en busca de ese hogar ya usurpado por la urbanidad, y ella se alistaba para salir de ese lugar sabiendo que mañana, al igual que los pájaros, volvería a insistir.