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Las cartas... esos escritos casi olvidados, o dejados de lado…como vencidos por una gigante masa que las envuelve, y a la vez los contiene, pero que no las dejan ser. Esa masa de lo corto, las dos palabras y el símbolo, carita expresiva que dice lo que yo no tengo ganas de escribir con mis palabras, o que me ahorran el esfuerzo del tipeo.
Una amiga me contaba que quería escribirle una carta a una prima, y mando un mail a otros primos pidiéndole “la dirección” de ésta prima, como respuesta obtuvo: la dirección de mail…Ya lo tenemos tan interiorizado…
De una sola vez, en estos días tuve en mis manos tres, y volví a sentir ese placer que me provoca abrirlas, ese momento donde se mezcla la intriga, la curiosidad, el querer saber lo que dice ¡ya!, que no puede esperar a: “estar mas tranquila”, “tener mas tiempo”, o esas frases repetitivas que ensayamos en el frenesí de estos días postmodernos.
Esa sensación de estar sintiendo al otro, viéndole la cara, y que hasta si te animas a acercar la hoja a tu nariz, podes sentir su olor, sensación que por más que lo intentes el correo electrónico no lo puede producir, a no ser que tu amigo, familiar o quien te escriba huela a computadoras.
Eso de lo más personal, lo íntimo, ¿se entiende?...
Puede ser esto de las distancias acortadas, ese poder ver al otro como corre mientras está escribiéndote y que no piensa mucho en la sintaxis o en la semántica, solo se manda; ese poder saltar de un hecho a otro, y volver a lo anterior como si nada, porque como no se puede borrar tan fácilmente, su autenticidad se transparenta mas.
Recuerdo que cuando empecé a escribir cartas lo hacía primero en borrador, probablemente por eso de las inseguridades, pero de apoco me fui dando cuenta de que era más yo, o podría llegar más a mi interlocutor si solo escribía y listo, total si no podía cerrar bien la idea un paréntesis salvador con un “escribí cualquiera”, remediaba todo.
En una etapa de mi vida escribía un promedio de 4 cartas por semana, el cartero ya ni preguntaba, solo saludaba y me daba las cartas, y si tenía una que no era para mí decía “hoy no te toca”, sabiendo que seguramente yo estaba esperando alguna.
Después me metí a esto del internet, los e-mails, etc., etc., y bue!... Ahora estoy acá, ¡¡¡con una bitácora!!!, que hacen que cuando llega a mis manos una carta, escrita por puño y letra de algún ser querido, la emoción sea más grande y que la mayoría de las veces se me piante un lagrimón…
No creo que uno anule al otro, es decir, son medios de comunicación que contribuyen a esta lucha contra la soledad del ser humano, pero…que se yo…una carta de vez en cuando mantiene ese espíritu romántico o como te guste llamarlo… esa cuestión de lo interpersonal y no tanto de lo impersonal.
Aunque los mails ya son parte de mi vida, y que me encanta recibirlos, de vez en cuando una carta no viene nada mal para hacer compañía a mi alma.
Pues Marcela, a poner la dirección de tu casa, que empezaremos a mandarte cartas via correo tradicional, porqué no? Es terrible, pero sabes lo que me pasa a mi ahora? que cuando recibo una carta común, la mayoria de las veces,no entiendo la letra de quien escribe!!, que fuerte, jajaja. Saluditos.
Comentario de Silvana el el 08/09 a las 22:54
Si eso ya nos suele pasar, pero es parte de la aventura de las cartas descifrar al otro, ja , igual en los e mail inventamos cada codigos...-ntnds? ja, cada vez peor nuestro castellano.
Ah y lo de la dire, al editar este escrito pense que surgiria alguna propuesta asi...y la verdad que no estaria mal, pero puede ser peligroso, jajajjajaja.
BEsos Y Bienvenida
Comentario de Marce el el 08/10 a las 16:19
Marce...la verdad es que me emocionaste, como tantas veces logras decir con tus hermosas palabras exactamente lo que siento... Gracias por ser aquella persona con la que sigo haciendo trabajar al correo... Te quiero montones
Comentario de Dani el el 08/11 a las 17:55
jajaja, si!!! reactivamos el mercado postal, ja
Comentario de Marce el el 08/14 a las 02:31